MI CARRITO
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STOCKMAR

País: Alemania
Creadores: Hans Stockmar
Se fundó: 1922

La capacidad de transformar la adversidad en potencialidad

 

De niño, el pequeño Hans se trasladaba frecuentemente de un sitio a otro, iba de ciudad en ciudad y de un país a otro, junto a su familia por motivos laborales de su padre. Esta dinámica de vida, dejó huella en él, ya que a duras penas consiguió completar su grado escolar.
Sin embargo, esta experiencia y su paso intermitente por diferentes colegios y métodos cambiantes de enseñanza, mas adelante, serán su impulso para llevar a cabo iniciativas propias y reconocer oportunidades.

En 1912 el joven Hans se marcha de Alemania junto a su esposa, para establecerse en Nueva Zelanda. Al llegar cambia su apellido y pasan a ser la familia Stockmar (apellido de soltera de su madre). En este periodo nacen sus tres hijos, comienza a desarrollarse como apicultor, monta un vivero propio y trabaja con colmenas de abejas produciendo velas de cera.

Sé interesa en la Antroposofía; corriente que estudia la relación de la sabiduría humana, con la divinidad, la espiritualidad y el universo. Escuela que poco a poco crece en popularidad e influye en diferentes disciplinas artísticas del momento y través de la cual conoce a Rudolf Steiner fundador de el método y escuelas Waldorf, la agricultura biodinámica y la medicina antroposófica.

En 1921 Hans regresa a Alemania con su familia, con el principal objetivo de que sus hijos mas pequeños, ingresen a la primera escuela Waldorf fundada en ese momento en Hamburgo. Escuela conocida por su novedosa metodología de enseñanza; basada en actividades prácticas, juegos creativos y estimulantes, el desarrollo de la expresión artística y las capacidades sociales, finalmente en la etapa de educación secundaria, trabajan en el desarrollo del razonamiento y la empatía.

La familia finalmente se establece en Kaltenkirchen donde Hans retoma el trabajo con las colmenas y la producción de cera, poco a poco y fiel a su filosofía logra que la fábrica se estabilice. Años mas tarde comienza a desarrollar productos pensados a partir de las necesidades de un personal docente que requiere materiales didácticos de la mayor calidad y seguridad.

Stockmar la marca, emerge de la experiencia, los valores y filosofía que Hans Maximillian Alexander Bruno Beheim Schwarzbach hábilmente supo unificar y formar con ello su legado.

Por una economía, una sociedad y una educación sostenible en el futuro.

Stockmar tiene como propósito apoyar el desarrollo humano no solo a través de sus productos en sí, sino a través de iniciativas al servicio de una mejora real en la sociedad.

El proceso de elaboración de sus productos requiere tanto cuidado como cariño, involucra también los sentidos. Esta es una de las razones por las que mantienen el trabajo manual artesanal, especialmente en la era donde los procesos de fabricación están profundamente industrializados.
Así mismo, la inclusión social es muy importante para la marca, personas con diversidad funcional de la región se encargan de una parte del procesamiento posterior, como por ejemplo el embalaje de los lápices de cera.

Es así como surgen productos extraordinarios que fomentan una experiencia artística versátil, ya sea en casa, en la guardería y la escuela o en un entorno terapéutico. Son muy utilizados en la pedagogía Waldorf por su composición natural y posibilidades creativas.

Impecables desde siempre

La marca alemana usa como receta para sus productos, materias primas obtenidas de fuentes sostenibles, que emplean de forma comedida y equilibrada. La precisión de la composición es el resultado de décadas de experiencia.

La cera de abejas es, sin duda, el componente más reconocible de sus productos, Por ello, practican una apicultura en armonía con la naturaleza, basado en el respeto hacia los animales; protegerlos tanto como sea necesario, y abastecerse tan poco como sea posible. Porque estos animalitos tan laboriosos y delicados son indispensables para nuestro ecosistema.

Los productos Stockmar no perjudican la salud ni el medio ambiente. Manifiestan su compromiso con la protección de este mundo en el que vivimos, por ello, su procesos de fabricación excede las exigencias legales de seguridad.

No contienen alérgenos, ni conservantes, parabenos o sustancias liberadoras de formaldehído e isotiazolinona.

 

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